Hola, mujer medicina 🌹

En el mail anterior te conté sobre mi gran salto cuántico en mi servicio:
cómo pasé de sostener grupos pequeños, de 5 o 10 mujeres,
a que más de 7800 personas pasaran por mis espacios
en apenas 15 meses.

Lo que no te conté…
es que me quemé.

Tuve un burnout fuerte.

Mi primer mentor fue un mentor hombre
(mi pareja, si recordás la historia).
Él me enseñó muchísimo sobre cómo escalar mi mensaje y mi servicio.

Pero desde una forma muy masculina, claro…

Los lanzamientos que aprendí eran intensos,
el mensaje era agresivo para mi cuerpo (no me resonaba la forma),
el ritmo demandante, exigente, acelerado.

El lanzamiento era como una explosión en muy poco tiempo:
mucho contenido,
muchas personas a las cuales atender,
mucha exposición.

La estrategia era clara:
salir a buscar, convencer, empujar.

Cuando terminó el lanzamiento,
yo ya estaba agotada.
Y recién ahí empezaba el programa de tres meses
al que se habían sumado 140 personas.

Además, yo estaba completamente en rol de madre y salvadora:
siempre disponible,
siempre pendiente,
sin respetar mis ritmos internos.

Después de esos tres meses,
mi cuerpo habló:

Terminé con la cara toda brotada,
con el sistema nervioso desregulado,
un gran desorden hormonal
y dolores uterinos muy fuertes.

Ahí algo dentro mío dijo BASTA.

Me dije:
no puede ser que estar al servicio sea tan drenante.
No puede ser que compartir mi medicina sea a costa mío.

Tiene que existir otra forma.

Una forma de servir
y gozar del proceso,
cuidar mis ritmos femeninos
y tener mi cuerpo sano y vibrante.

Hoy puedo decirte lo que descubrí en los meses que siguieron:
sí existe otra manera.

Llegué al mundo de las mentoras mujeres,
mujeres que me enseñaron a crear, lanzar y liderar
desde el útero,
desde el cuerpo
y desde el pulso femenino.

Volví a crear con placer.
Volví a respetar mis ritmos.
Volví a disfrutar cada parte del proceso.

Y lo más hermoso:
los resultados no solo no bajaron,
mejoraron.

Hoy facturo más que antes,
me abrí a ser canal de creaciones que son mucho más grandes que yo,
y me derrito con las mujeres
que tengo el honor de acompañar.
Mujeres medicina soberanas que no necesitan ser maternadas,
Porque no vienen a entregarle su poder a nadie, ni a nada externo.

Mi servicio dejó de ser drenante
y se volvió profundamente nutritivo.

Ese cambio no fue casual.
Fue una decisión encarnada
y un aprendizaje que transformó por completo
mi forma de estar al servicio.

Mañana quiero contarte
qué fue exactamente lo que cambié,
cómo volví a crear desde el útero
y por qué de ese recorrido
nació Volcánica.

Si sentís que esta historia también te toca,
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Si tenés alguna duda si este espacio es para vos, podés responder este mail
o escribirme por Instagram a @soy.felisa y lo vemos juntas.

Sos muy bienvenida a este territorio, mujer.

Con amor,
Feli

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